Los sonidos de Medio Oriente

En septiembre del año 2003, el CIDiCSef, Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí de Buenos Aires junto a la Fundación Auge convocaron a las jornadas “Literatura y música judeo-árabe en la diáspora sefardí” en el Centro Cultural Konex de esta ciudad en las que estuvo como invitado especial nuestro amigo el uruguayo Edwin Seroussi, director del Centro de Música Judía de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Rescatamos este artículo del diario La Nación que anunciaba para esa época esas jornadas.

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Sábado 20 de setiembre de 2003

Los sonidos de Medio Oriente

Por Pablo Kohan para el Diario La Nación

Hoy y mañana se realizan las jornadas de “Literatura y música judeo-árabe”. La figura principal será Edwin Seroussi, un experto de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien llegó al país . Habrá conferencias, talleres y recitales.

Tal vez con menor difusión de la que hubiera sido de desear, y que, por este medio, acaso, aunque sea parcialmente, se pueda ayudar a remediar, en parte, la situación, hoy y mañana, en el Centro Cultural Konex, se llevarán adelante unas jornadas bajo el sugestivo título de “Literatura y música judeo-árabe en la diáspora sefardí”. Con distinto tipo de actividades, conferencias, talleres, paneles, recitales y hasta la degustación de la pastelería de la tradición judeo-española, estas jornadas presentan, como figura principal, sin desmerecer a ninguno de los otros participantes, a Edwin Seroussi, director del Centro de Música Judía de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien ha llegado al país, especialmente, para participar en este evento.

 

No sólo hablará el estudioso de la cultura sefardí: también habrá velada musical y manjares para degustar. Foto: Rodrigo Néspolo
No sólo hablará el estudioso de la cultura sefardí: también habrá velada musical y manjares para degustar. Foto: Rodrigo Néspolo

Seroussi nació en Uruguay y emigró a Israel en 1971 para profundizar sus estudios de violín y de composición. Las extrañas y no previstas vueltas de la vida lo condujeron hacia la musicología. Concretó sus dos primeros títulos universitarios en Jerusalén y, luego, en Estados Unidos, se doctoró en la célebre UCLA. Cómo y por qué llegó hasta Buenos Aires es lo que aclara en el comienzo de la conversación. “Desde hace unos años, la Universidad Hebrea tiene un centro para la enseñanza de la civilización judía en el mundo, cuya finalidad es la de crear lazos interuniversitarios con diversas instituciones académicas para proveer cursos que ofrezcan una visión más comprensiva y lo más amplia posible del judaísmo y que son impartidos por profesores de la Universidad. La intención no es llegar a la comunidad judía sino al público en general, de ahí que, incluso, se han llevado adelante cursos en países en donde no hay población judía.”

En sintonía con esta iniciativa, Seroussi fue convocado por la Fundación Auge y por el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí. “Desde el martes pasado estoy dictando un curso de doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, sobre transculturación e identidad a través de la literatura y la música judeo-árabe en la diáspora sefardí; más sencillamente expresado, un estudio sobre la problemática de la música judía en el mundo del islam”. Y aclara que habla “del mundo del islam y no de los países árabes porque este concepto también incluye otros países no árabes como Irán, Turquía o los países islámicos de lo que fue la Unión Soviética”.

El contacto entre ese curso especializado y las jornadas que hoy comienzan es estrecho, ya que lo que hoy acontecerá en el Konex es el coloquio final de dicha experiencia. Sin embargo, hay independencia entre uno y otro, de modo tal que al Centro Cultural podrán asistir todos aquellos interesados en el tema, sin requisitos previos. El programa incluye hoy, a las 20, una sesión de apertura con palabras alusivas y una conferencia inaugural de Seroussi, “¿Por qué Sefarad hoy? Diálogo y confrontación en la España de las tres culturas”. Y como no sólo de palabras se trata la cuestión, habrá una velada musical y de canto sefardí, a cargo de Verónica Rapela (canto, flauta dulce, guitarra y percusión) y Pablo Trosman (guitarra sarracena, guitarra, percusión).

Programa dominical

Para mañana, a lo largo de todo el día, desde las 9.30, el programa incluye conferencias sobre la investigación de la tradición musical sefardí, la literatura oral judeo-española, talleres de música litúrgica, presentaciones de la música del romancero sefardí, proyecciones de videos, discusiones, mesas redondas y la ya anunciada degustación de manjares.

En cuanto a las posibilidades de verlo nuevamente por estas tierras en un futuro, Seroussi es optimista. “Hacía muchísimos años que no estaba por el Río de la Plata y he encontrado un interés sorprendente sobre la temática en la que me especializo. Dado que una de las metas principales de la Fundación Auge es la introducción de estudios judaicos en las universidades y dado que el Departamento de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras está interesado en ofrecer más posibilidades a sus doctorandos para asistir a cursos de etnomusicología, es probable que el año que viene pueda estar nuevamente por acá.” Mientras se aguarda un futuro un tanto lejano, lo más seguro y provechoso puede ser no dejar pasar la oportunidad que, para este fin de semana, se puede vivir en el Centro Cultural Konex…

 Fuente: La Nación

 

Jewish cooking, the original fusion food

By DENISE PHILLIPS   
Thursday, 02 July 2009

Food and family have always been important to the Jewish People. Although some may say that what we eat speaks to who we are, there is no really clear definition of Jewish cuisine.

It varies enormously from country to country and within different communities, and it’s a function of Jewish dietary laws, Jewish Sabbath laws, holiday rituals and the local food and cooking customs of the many lands in which Jews have lived over the centuries.

It could be said that Jewish Cookery is the world’s first example of fusion cooking.

The importance of religion in our food cannot be underestimated. For example, on Shabbat, because we are not permitted to cook or light a fire, Jews have developed the talent of using one pot to combine the best ingredients the household can buy, cooked on a very low heat before sundown and eaten for lunch on Shabbat. Stews such as cholent, hameem and adafina have become classic recipes.

In Russia, the dish is served with kasha, buckwheat toasted with onions and mushrooms. In Czechoslovakia it is served with kugel, and the Poles tend to make it with potato dumplings. The Sephardi communities call their version adafina, which means “buried,” referring to the cooking pot that was buried in the fireplace ashes and to the eggs cooked in their shells that were buried in the stew.

Shabbat would not be the same without challah, the ultimate in Jewish bread. Traditionally, kosher challah is made pareve, and the two loaves used on Friday night signify the double portion of manna that was provided for the Israelites in the desert before Shabbat, following the Exodus from Egypt.

Like Shabbat, Jewish holidays provide an opportunity for speciality dishes connected to our history and traditions. On Shavuot, it is customary to have dairy foods, and for many, it is viewed as the “cheesecake festival.” One of the reasons given for use of dairy products is that the Israelites in the wilderness were not familiar with the laws of kashrut and it was simpler to keep to non-meat ingredients. hamin

Ethnic background also played an important part in the  way Jewish cuisine developed. Jews have travelled to nearly every corner of the globe, and life in the Diaspora has contributed to many of the differences that exist within our religion and its cuisine.

Ashkenazi Jews originate from Russia and eastern European countries like Poland, and their cuisine is heavily influenced by the cold climate. Vegetables were pickled in salt rather than fermented with spices. Examples include pickled brisket, red cabbage, cucumbers and beetroot. Freshwater fish like carp and herring were smoked and salted. Sugar, honey, raisins and lemon juice were commonly used to preserve food. Sweet and sour recipes were popular. Potatoes in the form of kugels, latkes and dumplings helped the poor community make a little go a long way!

By contrast, Sephardi cuisine was developed by Jews living in hot climates. It blends their heritage and dietary laws with a distinct influence from the Iberian and Arabic culture and traditions. Its cuisine is fragrant with spices including cinnamon, turmeric and cumin, and herbs like coriander, dill and mint.  Olive oil is a staple. The onions, potatoes and chicken fat that were basic ingredients for Ashkenazim are virtually unknown!

Differences are also evident when it comes to Passover. Sephardi Jews have the custom of eating rice, legumes, corn and beans – all foods that are forbidden for Ashkenazi Jews at that time.

Symbolism is yet another element that influences our Jewish cuisine, and Passover is the best-known example. Matzah, the unleavened bread eaten on Pesach, is symbolic of the time when the Jews left Egypt in such haste that they did not have time to let their bread rise.

But we have now added a more modern touch – coconut pyramids, matzah balls and macaroons have become classics during this eight-day festival because they use permitted ingredients.

On Sukkot, the harvest festival, we eat in a sukkah and our recipes include lots of fruits and vegetables, often stuffed to symbolize the wish for a bountiful harvest.

Another symbolic Jewish classic are hamantashen we eat on Purim, when the three-cornered pastries represent Haman’s ears.

So the vast array of recipes that we now enjoy are the result of our having vacuumed up the flavours, ingredients and recipes from the countries that our ancestors have travelled through or lived in and then adapted in order to adhere to the laws of kashrut.

Just as the Jewish people are a melange of nationalities and backgrounds, our food, too, has a complicated DNA made up of various strands, all of which create the exciting and varied range of menus that we choose from today.

Fuente: The Canadian Jewish News

Salónica, la capital sefardí de los Balcanes (3 de 3)

Por Ricardo Angoso

Viene de: 1ª parte del 19 de junio y de la 2ª parte el 26 de julio de 2009 aquí, en www.eSefarad.com.

3ª Parte

Pero lo peor estaba por llegar. En 1923, y después de que una «aventura» militar griega por conquistar territorio turco fracasase, Atenas decide instalar en la ciudad a más de 100 000 helenos procedentes de Asia Menor con el fin de helenizar a la Salónica judía e invertir el censo demográfico a su favor. Por paradojas del destino, el hombre que había provocado esta derrota griega era el invicto general Atatürk, que como hemos dicho anteriormente había nacido en la ciudad en la que ahora indirectamente había provocado el final del sueño multiétnico. Los turcos de Salónica, en un «juego» tristemente balcánico, fueron también expulsados, dejando atrás sus propiedades, viviendas, tierras y negocios. Nunca más volverían. Las mezquitas, siguiendo con las rancias tradiciones de la región, serían demolidas y destruidas para siempre; en su lugar se construirían nuevos edificios y lugares para el culto ortodoxo, todo ello con el fin de exorcizar el «sacrilegio» de unos infieles que un día se atrevieron a conquistar el «sagrado suelo heleno». El intercambio de poblaciones sellaba el final del sueño multiétnico en los Balcanes, como vemos mucho antes de la llegada de los Karadzic y los Mladic a la región.

Luego llegaría el Holocausto, la destrucción programada de toda la vida judía en Europa Central y Oriental y los Balcanes, el drama de un pueblo condenado al exterminio por un nazismo que encontró en muchos de los gobiernos locales el apoyo, la colaboración e incluso la simpatía hacia su perversa ideología. Primero fue el saqueo de la ciudad, tal como acaeció en otras ciudades judías de Europa central, como en Cracovia o Varsovia, la destrucción de los tesoros artísticos, el pillaje de las joyerías y negocios de los hebreos… Corría el año 1941 y resultaba peligroso ser judío en aquella Europa de guerra, tiranía y desolación. La Europa de Hitler se construía sobre sangre hebrea

«De todas las ciudades europeas ocupadas por los nazis, Salónica fue la que más víctimas judías registró: de una población de 56.000 personas, 54.050 fueron exterminadas en Auschwitz, Bikernau y Bergen-Belsen. El éxito del hostigamiento y deportación de los judíos de Salónica hizo odioso a Adolf Eichmann. A principios de los años noventa, el mundialmente buscado criminal superviviente nazi, Alois Brunner (austriaco, como Eichmann), fue detenido en su escondite sirio específicamente por sus crímenes en Salónica», escribía el norteamericano Kaplan al referirse a los sucesos acaecidos en esta ciudad griega.

El gran escritor Josep Pla, autor del excelente libro Israel, 1957, donde cuenta sus experiencias y vivencias de un viaje que al autor realizó al Estado judío en el año que da título el libro, cuenta del drama padecido por la ciudad de Salónica. «Está claro que Salónica era una especie de capital de lo sefardí: el grupo era rico; el Gobierno turco, tolerante; los rabinistas, inteligentes y tradicionalistas. En los presentes días, sin embargo, Salónica, como núcleo importante de la diáspora, ya no existe; 75.000 judíos de Salónica, que hablaban ladino, fueron asesinados por la Gestapo durante la ocupación de Grecia por los ejércitos alemanes. El hecho ha sido un golpe mortal a la vieja lengua que los judíos se llevaron de nuestro país a consecuencia del decreto de expulsión del siglo xv», señalaba Pla en este libro que es un alegato en favor del Estado de Israel y de la tradicional amistad hispano-judía.

La vida judía de Salónica había sido borrada del mapa para siempre. Sinagogas, escuelas talmúdicas, cementerios, negocios rituales, junto a miles de propiedades y viviendas, desaparecerían para siempre. El cementerio judío más grande del mundo, el de la ciudad, con casi 500.000 tumbas, sería destruido. Sus bellas lápidas, como si los muertos mereciesen ser también humillados, destruidas. Pese al drama vivido, pese a la dura catástrofe padecida por la ciudad, el tradicional antisemitismo heleno ha impedido que hoy en la ciudad haya algún monumento o alguna placa que recuerde el sufrimiento padecido por estos judíos. La mala conciencia, al igual que ocurre en la colaboracionista Rumania de la guerra, ha impedido que las autoridades griegas hayan practicado un mero ejercicio de catarsis y reconocido su elevado grado de participación en los tristes acontecimientos acaecidos. Nadie en la Grecia de de hoy recuerda y reconoce a las víctimas de este sangriento episodio, de este «mero detalle» a pie de página en los libros de historia de Grecia.

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De todas estas cosas, junto con su rico pasado otomano, ya se habían olvidado en la dinámica y vital Salónica de los años 50 y 60. El pasado, al menos en los Balcanes, siempre se puede reinventar como en un juego borgiano. Luego llegaría la transformación de la ciudad en la gran urbe que es hoy. La ciudad crecería en la periferia y cambiaría en su casco histórico, mientras Grecia vivía profundas turbulencias políticas y sociales. A pesar de esta acusada tendencia a la inestabilidad, la ciudad de Salónica siguió creciendo, modernizó su puerto, comenzó a recibir a los primeros turistas y abrió sus primeros museos. Sin embargo, la vida sefardí nunca se recuperó y ya tan sólo quedan en la ciudad algo menos de mil judíos.

De la misma forma que la vida cultural se ha desarrollado mucho en los últimos treinta años, sobre todo después de la desaparición de la dictadura, la llegada del turismo provocó el «descubrimiento» de las playas en la ciudad y sus alrededores, entre las que destacan Aretsú Perea, Nei Epivates, Ayía Triada, Nea Mijaniona, Epanomí, Nea Krini y Asprovalta. Sin embargo, el desarrollismo de los setenta y los ochenta, consolidado sobre todo después de la entrada de Grecia en la Unión Europea, en 1979, no tuvo su traducción en una racionalización de los político, sino en más bien lo contrario.

La década de los ochenta estuvo caracterizada por una corrupción galopante, un estilo político caudillista y neo nacionalista de la mano del socialista Papandreu, una política agresiva y belicosa hacia sus vecinos y una pérdida de grandes oportunidades por las nuevas autoridades griegas, que recibían en aquellos días dinero a raudales procedente de los fondos de cohesión de la Unión Europea. Salónica, por su parte, en aquel período era una de las ciudades más abiertas y cosmopolitas del país, tal como destaca en su libro Los griegos el periodista británico James Pettifer. En un país cerrado, represivo en los ámbitos referidos a la igualdad de géneros y la libertad sexual, Salónica era una suerte de pequeño espacio para las libertades y la libre expresión.

Pese a todo lo dicho anteriormente, Salónica, urbe mediterránea por los cuatro costados y bajo poder otomano durante más tiempo que el resto del país, es una buena demostración de todos los elementos más característicos de la cultura griega. Repleta de restos de un pasado romano, bizantino, sefardí y otomano, la ciudad es un buen teatro de todo este reino de la oscuridad, el misterio, la tristeza y la irracionalidad, como escribiría Kaplan, y un buen centro para entender el inevitable encuentro, a veces violento, entre el Oriente y Occidente. Desde Salónica, para no olvidar donde estamos, ya nos encontramos a tan sólo unas horas de Estambul, la capital desde donde se inició la primera gran aventura para conquistar y dominar estos Balcanes indómitos y misteriosos que cautivaron desde Byron hasta Yourcenar. La vieja Grecia, la de Homero, Platón y Aristóteles, está plagada, como vemos, de paradojas y grandes pasiones. Sin ellas, sin los frutos de sus contradicciones y desamores, resulta muy difícil entender a esta región y a los griegos. Luego esta esencia, no lo olvidemos, habla judeoespañol. Y es que Salónica, trozo de nuestro espíritu e identidad, es casi una parte de nosotros mismos.

Viene de: 1ª parte del 19 de junio y de la 2ª parte el 26 de julio de 2009 aquí, en www.eSefarad.com.

Fuente Centro Virtual Cervantes

Toledo y Jerusalén, cara a cara

TOLEDO. El alcalde de Toledo, Emiliano García-Page, y la concejal de Turismo, Promoción Económica y Empleo, Milagros Tolón, se han reunido en Tel Aviv con el embajador de España en Israel, Álvaro Iranzo, dentro de las actividades institucionales llevadas a cabo en este lugar por la Red de Juderías de España «Camino de Sefarad», encuentro en el que participa la delegación toledana.
En dicha recepción también se encontraba el ministro de Educación Israelí, Gideon Saar, con quien se trató, entre otras cosas, la posibilidad de realizar intercambios de estudiantes entre España e Israel.
El regidor municipal y la concejal forman parte del viaje institucional que la Red de Juderías de España «Caminos de Sefarad» lleva a cabo para promocionar las ciudades españolas integradas en dicha red.
Dentro de esta promoción de las ciudades, se plantea la posibilidad de establecer intercambios entre estudiantes israelitas y españoles. De esta manera, se aprovecharía la gran oferta educativa, formativa y universitaria con la que cuenta la ciudad de Toledo como infraestructura para realizar estos intercambios culturales.
Hermanamiento
toledo-y-jerusalemAntes de partir, el alcalde de Toledo anunció que va a proponer a su homólogo en Jerusalén la posibilidad a futuro de un hermanamiento entre ambas ciudades. El regidor toledano dijo estar muy interesado en este hermanamiento no sólo porque la ciudad de Toledo se juega mucho en imagen con ello, sino también por las «energías económicas» que podría suponer esta relación con Jerusalén.
«Nadie puede perder la perspectiva de que Toledo es la Jerusalén de Occidente», aseguró el alcalde, para el que ambas ciudades «probablemente signifiquen lo mismo en dos lugares distintos para todas la religiones monoteístas del mundo».
Recordó que como alcalde de la conocida Ciudad de las Tres Culturas seguirá respetando todas las confesiones religiosas, porque es algo que forma parte «del código genético de una ciudad como Toledo» y cuyo alcalde, sea quien sea, nunca debe perder de vista. El alcalde vaticinó que va a ser un viaje «muy interesante y fructífero» porque se van a mantener muchos contactos con autoridades del mundo judío y palestino.
El alcalde dijo tener mucho interés en abrir este camino de relaciones con el mundo judío y también con el palestino «porque el mundo musulmán tiene una presencia en la ciudad de Toledo verdaderamente extraordinaria, aunque a veces no se ponga en valor».
Fuente: ABC.es